Estoy en el varadero de Vlihó tras el paso de un tornado. Tan solo 6 minutos bastaron para montar todo el destrozo:
50 barcos se han caído de sus cunas y sufren desperfectos.
Algunos terribles
El numero de desarbolados es difícil de cuantificar, todos enredados los unos con los otros.
Donde antes crecía la yerba y corrían los gatos hoy luce de este modo.
Muchos barcos que estaban con muerto rompieron sus amarras y se fueron a la orilla.
Afortunadamente todo es fango.
Un catamarán fue sacado del agua y volteado.
Casas sin tejado, postes de la luz arrancados.
Los empleados del varadero están desesperados y trabajan de sol a sol para poner un poco de orden en el caos absoluto.
Moraleja: por muy apesadumbrado que este uno por su situación actual; quizás, solo nos estemos librando de otra peor. La vida es bella y hay que vivirla con el mejor de los espíritus.
Bueno, aquí se acaban mis relatos. El barco está en su destino, mañana lo sacan del agua y el resto es todo muy cansado y aburrido: limpia sentinas, baja velas, pon los toldos…etc. Pero lo voy a hacer, como he dicho antes, con buen espíritu y con la mayor de las gratitudes hacia mi barco; me ha cuidado; ahora me toca a mi dedicarle mis atenciones; las merece.
Buenas noches y la mejor de las suertes.